1962, el año del relato, inicia un día soleado y cálido en Esquina, una ciudad pequeña ubicada en el litoral argentino, sobre el río Corriente. Para la joven protagonista la vida transcurre tranquila, en un contexto apacible, seguro y predecible. Amigos, colegio, paz.
Cierto día su vida da un giro, casi todo queda perdido y su universo conocido queda atrás. En apenas unas pocas horas se encuentra en otra ciudad, sin amigos, sin colegio, sin las comodidades que había disfrutado hasta ese momento. Ante ella, el invierno, días grises y fríos, un futuro impredecible, y una vida cotidiana colmada de dificultades. Junto a ella, una familia muy unida como elemento contenedor. ¿Será posible revertir lo que parece ser un destino signado? Un comentario, una palabra dicha casi al pasar, le muestra una puerta. A partir de allí, la joven determinada propone y realiza acciones impensadas que cambian todo para siempre.
1962, un parteaguas ¿el origen?
Una joven Martha, de quince años, nos cuenta cómo es posible sacar lo mejor de uno mismo aun en circunstancias desfavorables. El cambio, las oportunidades capaces de transformar una vida, pueden encontrarse también en pequeñas cosas que surgen en nuestro camino.